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domingo, 24 de enero de 2010

Charles Wright (1935-)

Nocturno de Charlottesville

Charles Wright

El demorado anochecer de septiembre es un tren de pensamiento,
una herida
que no sangra, pasto muerto sin morir,
sin renuevos, sin elegancia,
el demorado anochecer de septiembre,
limpio de adjetivos, máxima abstracción y esplendor.

Se ha dicho que hay un final para la asignación de los nombres.
Se ha dicho que todo lo escrito está vacío.
Se ha dicho que los escorpiones danzan donde el lenguaje fracasa
y cede.
Se ha dicho que algo brilla en cada oscuridad,
que algo resplandece.

Apoyados contra lo invisible, vencidos asentimos.
El atardecer se asienta sobre las hojas caídas
como alfabeto en el patio de atrás,
desoladas sílabas
nos interpretan y señalan, apoyados contra lo invisible.

Luminosos son nuestros sueños, fuego arrojado sobre el mundo.
Llega la mañana y todo se va.
La luz del sol ensombrece la tierra.

Versión de Jeannette L. Clariond

viernes, 22 de enero de 2010

Robert Creeley: Mediterranean I

This same inexhaustible sea with impenetrable
same blue look I stepped into when so young I
had no reason for a life more than to hold on to
the one I had, wife, daughter, and two sons, older,
if seven and ive, just, can be measure of more than
a vulnerable innocence. The back wheel of bike,
when brake failed, caught elder son´s heel and used
it to stop, stripping the skin off almost to the bone.
I packed the place with ointment and bandaged it, not
waiting to see how bad it might be, and for days son
went on hop and hand holds spider fashion until,
blessedly, it was well again. Oh life, oh miracle of
day to day existence, sun, food and others! Would
those who lived with me then believe how much
I loved them? Know how dumbly, persintently, I cared?

*

Meditarráneo I

Este mismo mar inagotable con el mismo
azul impenetrable al que entré cuando era tan jóven y
no tenía otra razón para la vida que aferrarme a la
que ya tenía, esposa, hija, y dos hijos, mayores,
si siete y cinco, acaso, pueden ser medida de algo más que
una inocencia vulnerable. La rueda trasera de la biclitea,
al fallar del freno, atrapó el talón del hijo mayor y lo usó
para parar, arrancando la piel casi hasta el hueso.
Rellené el lugar con ungüento y lo vendé, no
queriendo ver qué tan grave podía ser, y por días el hijo
saltó sobre un pie con las manos encogidas como arañas hasta
que, milagrosamente, estuvo bien de nuevo. ¡Oh vida, oh
milagro de la existencia día a día, comida, sol y otros!
Quienes vivían entonces conmigo ¿sabían cuánto los amaba?
¿Sabían qué tan torpe, persistentemente, me importaban?


Traducción: Tania Favela y Jahel Leal Merediz.
Tomado de EN LA TIERRA, textofilia ediciones, 2008.